A primera vista, todas las señales indican que Latinoamérica está a punto de explotar en un frenesí de actividad de la infraestructura. Sólo se tienen que ojear los titulares para encontrar ejemplos esperanzadores de países, gobiernos e inversores en infraestructura creando compromisos enormes y generando un cambio importante dentro de los mercados de infraestructura de la región.

Mucho dinero, grandes planes

Tome, por ejemplo, el nuevo Programa de Inversión Logística de Brasil, que prevé un gasto de $66 mil millones en vías férreas y carreteras, de los cuales $30 mil millones están destinados a puertos y casi $18 mil millones a aeropuertos. O considere los $112 mil millones de Colombia para inversiones de infraestructura planificada entre 2012 y 2020. Y México tiene una lista de cerca de 1.100 proyectos por un total de alrededor de $400 mil millones que necesitan ser completados en los próximos cinco años.

La acción en el lado de la política ha sido igualmente alentadora con muchos gobiernos, que habían sido totalmente opuestos a la participación privada en el sector de la infraestructura, ocupados planeando y promulgando nuevas leyes dirigidas a fomentar las asociaciones público-privadas (APP) y la inversión privada. La aprobación de nuevas leyes APP de México y Colombia en 2013 son una evidencia clara de cambio, al igual que los esfuerzos recientes de Brasil por mejorar su ley APP actual.

Conseguir que funcione

Aunque todo esto parezcan buenas noticias para la región, la triste realidad es que los enormes planes de inversión y la legislación de apoyo no son suficientes para generar el tipo de cambio transformador que necesita la región desesperadamente. Existen tres áreas en las que los gobiernos de Latinoamérica deben concentrar su atención antes de que estos planes de inversión en infraestructura tan necesarios puedan ser comenzados realmente.

En primer lugar, los gobiernos tienen que dejar de presentar tanta atención a las medidas puramente populares y empezar a priorizar e implementar planes económicos sostenibles de medio a largo plazo. La realidad es que algunos (pero no todos) países Latinoamericanos están perdiendo competitividad y productividad al poner por delante la opinión popular, a menudo dura, en lugar de las decisiones que deben tomarse por el bien de las economías. Venezuela y Argentina han sufrido un declive económico significativo desde que se unieron a las agendas populistas; Chile y México han disfrutado de lo contrario.

En segundo lugar, los países de Latinoamérica tendrán que mejorar dramáticamente el profesionalismo y la capacidad de sus programas de infraestructura. Los inversores internacionales están buscando programas claros, transparentes y bien dirigidos en los que invertir. El problema es que en la actualidad pocos países de Latinoamérica tienen la capacidad de dirigir la magnitud de los programas que están en discusión. Esto quiere decir que los programas están a menudo mal planificados, mal estructurados o cargados de riesgos totales y, como resultado, hacen más para disuadir a los inversores locales e internacionales que para persuadirlos. Existe una necesidad urgente de mejorar el profesionalismo de estos programas – a corto plazo con la ayuda de asesores externos con experiencia; y a medio y largo plazo a través de un programa continuo de contratación de potencial interno, formación y desarrollo.

En tercer lugar, los líderes de Latinoamérica tienen que prestar atención inmediata a los mercados financieros. Pocos (con la excepción de Chile) han desarrollado un mercado real de financiación de infraestructura privada que podamos decir, y la mayoría están teniendo problemas para desarrollar los vehículos apropiados para apoyar la inversión privada. Como resultado, gran parte de la actividad en Latinoamérica ha sido financiada a través de bancos de desarrollo nacionales (como el BNDES en Brasil) o apoyo multilateral. Teniendo en cuenta los enormes objetivos de inversión y los plazos agresivos articulados por líderes de toda la región, parece bastante claro que el proyecto de financiación privada, los mercados de bonos y los vehículos de inversión efectiva tendrán que ser desarrollados rápidamente para conseguir estos objetivos idealistas.

Hora de actuar

Afortunadamente, existen muy buenos ejemplos de países Latinoamericanos que ya han reconocido estas realidades y han tomado acción durante los últimos años. Chile, hace casi dos décadas, reformó completamente su programa de infraestructura y mercado. La legislación APP está ahora bien definida, comprobada y entendida; los programas de inversión son preparados profesionalmente y bien recibidos por actores internacionales; y los bancos comerciales han participado en programas de financiación. Colombia también ha tenido mucho éxito en crear mercados de infraestructura y vehículos de inversión y – durante los últimos años – rara vez se ha quedado corta de inversión.

Otros, sin embargo – el jefe de Brasil entre ellos – se encuentran frente a un precipicio. La opción está clara: tomar acción positiva hoy y cosechar los beneficios por generaciones, o mantener el status quo y permitir que el país y la economía flaquee y fracase al final.

El simple hecho es que los inversores en infraestructura y los constructores operan en una economía global donde los programas nacionales se comparan el uno al otro y la competición es feroz. En esta guerra global por la inversión, otras regiones se están moviendo más rápido o con más compromiso. Si las cosas se quedan como están, no sería una sorpresa si África o el Sudeste asiático eclipsaran a Latinoamérica como un destino de inversión en la próxima década.

La conclusión es que los gobiernos de toda la región tienen que tomar medidas inmediatas, tanto de forma individual como en grupo, si esperan elevar sus países a un nivel de clase mundial. No hay tiempo que perder. Las medidas tomadas hoy tendrán efecto durante décadas. Esperemos que sean las medidas correctas y no sólo las más fáciles.

Autor: Stephen C. Beatty es miembro del Consejo y director, infraestructura global, Américas e India, KPMG LLP, Canadá. Participa en el Foro Económico Mundial sobre Latinoamérica 2014 en la Ciudad de Panamá.

Imagen: Trabajadores de la construcción preparan el terreno para una vía férrea como parte de un proyecto portuario financiado por Brasil en Mariel el 28 de marzo de 2014. REUTERS/Jorge Luis Bano